Por Mariel Lezcano
Profesora Nacional de Educación Física.
Psicomotricista especializada
en Salud y Educación
Para poder hablar en estos términos y saber a qué vamos a referirnos vamos a tratar de contar de qué tratan estas dos practicas.
La Psicomotricidad es una práctica que, en un espacio y en un tiempo particular, favorece la aparición de la expresividad psicomotriz del niño y su desarrollo hacia la comunicación, la creación, y la operatividad. En el ámbito terapéutico pone su mirada en las producciones del cuerpo: tono, gesto, postura, movimiento, lenguaje, juego, tomando al mismo cuerpo como la expresión de la historia personal del niño.
Creeríamos importante hacer una diferenciación/aclaración entre motricidad y Psicomotricidad que suelen confundirse muy a menudo: la motricidad esta en relación con las perturbaciones motrices y neurológicas, es el equipo neurológico mismo; la Psicomotricidad pone su mirada en el funcionamiento de ese equipo neurológico que puede o no estar dañado, por lo tanto estos signos irán desde gestos torpes, inhibiciones, inestabilidad psicomotriz, hasta la imposibilidad de llevar a cabo una acción.
El cuerpo registra sensaciones, produce movimientos y a través de ellos deja ver las emociones. Esto es lo que mira un Psicomotricista en una sesión: que sucede en ese cuerpo con la imagen corporal, el esquema corporal, los gestos, los movimientos.

La zooterapia es, como su término lo indica, una técnica terapéutica asistida y facilitada por animales.
En lo personal la idea surge de la observación de mis propios perros, el modo de jugar, de tratar de agradarnos siempre y de su amor incondicional. Por esto comencé a investigar a través de bibliografía y luego de cursos en zooterapia, en equinoterapia, la forma de poder utilizar los animales en mis sesiones con los pacientes: Comencé a adiestrar mi perra Emma, una Golden Retriever con José Luis Pagani, presidente de A.D.A.C,R.A. y muy de a poco la fui incorporando en el trabajo con bebes de un año-dos, y con pacientes con dificultades motoras, obteniendo una ayuda muy importante en la estimulación y en la interacción que se produce entre los niños y el animal siendo lo mas observable la mejoría en cuanto a la atención, concentración, coordinación, emotividad y lenguaje.
Mi perra actúa como mediadora y generadora de estímulos sensitivos – emocionales, siendo un excelente auxiliar en la terapia.

Quisiera dejar muy claro que la idea no es comprarse un perro y ponerlo junto al niño. Para que el animal provoque todo esto, este debe reunir ciertas cualidades y estar apropiadamente entrenado, siendo además la terapia dirigida por un profesional de la salud. Si no hay un terapeuta presente no podremos hablar de terapia asistida por un animal, estaremos haciendo cualquier otra cosa pero no zooterapia.
El saber es diferente al conocer. Podríamos decir que conocer es repetir conocimientos, conceptos, textos. El saber se genera en el intercambio, en el hacer, en la práctica; el propio saber debe tener una aplicación; este es un saber diferente en el campo de la salud, es un pensar diferente.
La zooterapia así practicada será un espacio terapéutico diferente.
El vínculo hombre- animal nos remite a la intersección entre naturaleza y cultura.
Lejos, un trino…. El ruiseñor no sabe que te consuela….
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