Origen del Perro doméstico

Reseña histórica

El perro doméstico (la especie zoológica llamada por Linneo Canis Familarias y del cual se cuentan hoy poco más de cuatrocientas razas

oficiales distintas) pertenece al género Canis de famililla de los canidos (dentro de la cual también se cuentan los lobos, los zorros, los chacales etc.) comprendida a su vez en el orden de los carnívoros. Este se coloca en la sub-clase de los placentarios (la misma a la que pertenece el hombre), dentro de la clase de los mamíferos, los cuales forman parte del tipo de los vertebrados, en el gran sub-reino de los metazoarios, o metazoos, es decir, los animales pluricelulares. La escala clasificatoria del perro entre las criaturas que habitan a tierra es por lo tanto la siguiente:

Reino: Animal

Sub-reino: Metazoos

Tipo: Vertebrados

Clase: Mamíferos

Sub-clase: Placentarios

Orden: Carnívoros

Familia: Cánidos

Género: Canis

Especie: Perro doméstico

El canis propiamente dicho (término con el cual, además del can doméstico, se designa al lobo, el chacal, el zorro, es decir, todas las especies pertenecientes al género “Canis”) aparecen en Europa, Asia y África en el Plioceno hace diez millones de años (10.000.000 de años) y en América del Norte sólo en el Pleistoceno, hace un millón de años (1.000.000 de años).

Suele sostenerse, entre varias opiniones, que el perro doméstico no es más que un lobo domesticado.
Ésta hipótesis, entre muchas, NO CARECE DE FUNDAMENTO, aunque hoy puede parecer extraño que un lobo y un Cocker, por ejemplo, resulten individuos de una misma especie y posean Cocer misma ascendencia.Pero la verdad en lo que respecta a los rasgos esqueléticos, es que las diferencias son absolutamente mínimas.

Aproximadamente hace cuarenta mil años (Período Glacial) se produjeron relaciones de trabajo entre hombre y animal en forma gradual y espontánea, siempre que entre ambos hallaban una ventaja recíproca en la alianza para resolver determinados inconvenientes y sin que el hombre haya debido emplear métodos educativos especiales; algunas especies animales, al advertir que en determinadas circunstancias, podían obtener utilidad de la vecindad del hombre, no lo evitaron; más aun llegaron a buscarla tal vez la conquista del perro se inició con una asociación voluntaria de este tipo: al vivir ambos de la caza, debieron encontrarse a menudo enfrentados por una rivalidad en la cual el hombre, más inteligente y mejor armado vencía casi invariablemente.

Durante siglos fue el hombre el adversario más temido para el perro, teniendo este sentimiento que sufrir una modificación. Las poblaciones primitivas devoraban, en el mismo sitio o en sus guaridas, a las presas cazadas después de haberlos despedazado, y a menudo debía ocurrir que algún resto de presa quedarse en el terreno y sirviese de alimento a estos cánidos.

Estos se habituaron, de ese modo, a asociar la imagen del hombre con el recuerdo del hambre insatisfecha. Así disminuyó la hostilidad de estos futuros compañeros del hombre y, en vez de huir cuando el hombre se le acercaba, empezó a buscar su presencia, a rondar los lugares donde el hombre cazaba y reposaba. El hombre, por su parte, por reciprocidad o por curiosidad, pero también porque la vigilancia de estos animales alrededor de su morada, en espera de su alimento tornaba menos peligroso su descanso nocturno y, por lo tanto procuró asegurárselo, se habría comportado con menor hostilidad o indiferencia, habría adoptado actitudes amistosas echando algún trozo de carne al perro que al principio lo arrebató como por asalto, luego lo tomo como invitado, y al fin lo aceptó como amigo.

Las poblaciones primitivas devoraban en el sitio mismo o en sus guaridas, a los animales matados después de haberlos despedazados y, a menudo, debía ocurrir que algún resto de la presa quedase en el terreno y sirviese de alimento a los perros salvajes.

Hasta entonces el perro asistió como simple espectador al trabajo del hombre siguiéndolo a distancia.Luego comprendió las ventajas de la asociación y se arriesgó a tomar parte en sus cacerías en colaboración voluntaria. De esta modo pudo el hombre estudiar las actitudes del animal y terminó por emplearlo también en actividades distintas de la caza. El pero le tomó afecto, lo defendió contra las opresiones de los demás hombres y animales, empezó a respetar y luego custodiar las especies que el hombre había comenzado a criar: renos, ovejas, bueyes, etc. Este período se lo conoce como neolítico inicial con la formación de las primeras aldeas hace aproximadamente 7500 años antes de

Cristo, en Asia y en Europa.

Con el curso del tiempo el perro asumió papeles cada vez más adecuados a las necesidades del hombre: se especializó en los distintos sistemas de caza, el acarreo de trineos, la actividad de la guerra, el combate contra otros perros y animales, sin abandonar su primitiva función de pastos, aprendió a hacer compañía al amo.

La amistad entre el perro y el hombre ha sido de los hitos decisivos en la evolución de la civilización.

La lengua más antigua de la que nos ha llegado documentos escritos (fechable aproximadamente hacia el 3500 a.C.) es el Número, que era hablado al sur de lo que hoy es Irak. En súmero, pero se decía “Mug”, y de esta forma probablemente deriven el tamil (lengua pre-indoeuropea de la India meridional) May y el Japonés Inu.

La clasificación

Ya en épocas antiguas se había intentado poner orden entre las distintas razas caninas elaborando clasificaciones basadas sobre las

diversas aptitudes y, por lo tanto, sobre la más adecuada utilización de las mismas.

El cuadro siguiente compuesto en tiempo de los romanos, considera diferentes tipos caninos y es un ejemplo de aquella preocupación.

Sagaces (que siguen los rastros de la presa)
Venatinici-celeres (que corren tras la presa)

Pugnaces (que alcanzan a la presa) Pastorales-perros ovejeros

Perros guardianes en las casas Villatici – Talleres, campos, etc.

La caza

Las representaciones paleolíticas de la CUEVA VIEJA, en España, nos muestran precisamente a varios grandes sabuesos en la tarea, hace aproximadamente unos diez mil años. A juzgar por la escasa documentación recogida, los primeros perros fueron de tipo lupoide ( y también los lobos actuales persiguen a la presa); sería entonces cierto que hace ya cuatro mil años, en monumentos egipcios y caldeos, se reconocen perros ágiles y alertas, de tipo de lebrel, junto a perros más pequeños, de tipo terrier, mientras los asirios poseían perros sumamente parecidos a nuestros mastines.

El tamaño y la estructura e los sabuesos, por lo tanto, variaban y siguen variando, según la presa por cazar (en lo general se trata siempre de un mamífero), que debe ser sacándode la madriguera, perseguido y asediado por los perros en jauría más o menos numerosa.

Los pueblos antiguos, en particular los eurasiáticos, las llanuras del Éufrates, los desiertos de Nubia, los bosques del Líbano y Macedonia, los bosques latinos, encerraban una fauna mucho más numerosa y variada que la actual. Más aún, era conveniente y fácil procurarse la mayor parte de la alimentación mediante la caza en vez de roturar nuevas tierras para destinarlo a la agricultura y el pastoreo.

Los pueblos bárbaros y semibárbaros, en contacto con los límites extremos de las grandes civilizaciones, se dedicaban particularmente a la caza, a la que consideraban la única fuente constante de aprovisionamiento alimentario y de reabastecimiento de materia prima para el vestuario y los utensilios cotidianos. Y la caza, como la guerra, se convirtió en el deber (aún no la diversión) de la clase aristocrática, que por ello podía demostrar las cualidades que la ponían por encima de sus súbditos: la fuerza y el coraje.

Pero a pesar de la fuerza, el coraje, la hostilidad, no siempre podía el cazador o el grupo de cazadores aproximarse a tiro de lanza o de arco, o al alcance del puñal, a los grandes habitantes de los bosques, desde el ciervo hasta el jabalí, y las fieras aún abundantes constituían un peligro constante y resal: el cazador debía cuidarse de convertirse el mismo en presa.
¿Qué auxilio mejor, entonces que un amigo fiel y vigilante?

La búsqueda, expulsión de madriguera y persecución de la presa es el primerdeber que cum ple el perro de caza, sabueso por lo menos de vocación. En cierto sentido fue la necesidad común (¿o tal vez la pasión?) de la caza la que hizo nacer la amistad entre esos mamíferos tan particulares que son el perro y el hombre; y precisamente en los perros de caza, los más afectuosos entre todos los perros, aún hoy encontramos un destello de esta amistad en forma elemental, genuina, instintiva y si se quiere, primitiva.